La biblioteca de Babilonia y otro prescindible blog de montaña más

          Yo soy de formación clásica (algo veterano, vamos) y por eso me gustan los títulos largos, de esos que ya te dicen lo que te vas a encontrar. Una de mis páginas favoritas, La página Definitiva, que así se llama, dice que “la red está llena de basura”, y que “nosotros” (ellos) no somos la excepción. Yo tampoco, así que esta página será, transitivamente, otra basura. Como la gente no está para perder el tiempo fuera de Facebook, que sepan lo que aparecerá: una porquería de página de montaña, con descripciones de vías de escalada corrientes y molientes (de ahí lo de les llerices: no hay manera de escalar sin pisar algún pedrero, eso es obligatorio; luego es posible que escales algo, poco o nada, pero el pedrero lo subes y lo bajas -bueno, en Valdehuesa y sitios así sí que se puede, pero todos los verdaderos escaladores dicen que eso no es escalar -líbreme Dios de llevar la contraria a tan sabias gentes, que entre otras virtudes, tienen la de saber cómo, cuándo y a qué distancia los paraboles pueden ser colocados por ellos; y por eso la pared central está siempre llena de gente) y de rutas de esquí de montaña (de ahí lo de los farrapos: si no caen del cielo y no se posan en el suelo, pues eso, que no se esquía -hay gente que sostiene la opinión contraria, que para esquiar hacen falta unas cosas que se llaman remontes y otra que se llaman cañones, y el hecho de nevar es secundario, pero por lo que sé, esta secta iconoclasta, aunque peligrosa y en colusión con algunos sectores de la administración pública, quiero decir de la construcción, es afortunadamente minoritaria-).
          Y cómo soy de formación clásica, se me notan las enseñanzas recibidas en materia de Latín (desafortunadamente, no por curas, y a ello se debe mi inveterada heterosexualidad y mi estrechez de miras -y de otras cosas, pensará algún malicioso, que también tienen que ver con los ojos siquiera sea de nombre ¡así piensa el ladrón que todos son de su condición!-), y por eso, en mi escritura, me apego a los períodos ciceronianos. O sea, dicho en belenesteban, escribirlo todo a la vez, según se me ocurre, a base de yuxtaponer, conjuntar y disyuntar oraciones sin ton ni son. Pero esto es lo que le va a dar el empaque característico al blog: será de montaña, sí, pero cultureta y sin pies ni cabeza. Aunque los montañeros somos habitualmente cerdos, maleducados, ignorantes y egoístas, los que saldremos en este blog no.
          Fijémonos en que ya hay dos referencias de la polla: “la biblioteca de Babilonia”, tócate los cojones, lo de Borges, ya se sabe, todas las combinaciones de letras del mundo, todos los libros posibles, así es internet, que en la red está todo, aunque sea por acumulación anárquica, pero que agudo es este hombre, este JRSA, esta reflexión profundísima no se le ocurrió nunca a nadie antes, qué genio anónimo, que modestia… Y la otra es la de Cicerón, la de antes, joder, un romano, que con esta verborragia que tengo ya es que se me va el hilo y no sé por dónde iba ni voy. Bueno, pues volviendo al tema, a mí me explicaron lo que es una singularidad cuántica en una reunión de una pared; desde entonces, todas nuestras conversaciones de escaladores son de ese nivel. Nada de vulgaridades como discutir si la ministra de igualdad considera teórica o prácticamente legítima la práctica del sexo oral, con deglución, expulsión o gotelé; no. Nosotros si no escuchamos a Schomberg o a Stockhausen en el casette del coche no nos motivamos y tenemos dificultades para encadenar o trazar las curvas paralelas con precisión.
          Por eso, terminando ya de empezar, las entradas del blog serán convenientemente aderezadas con todas las anécdotas, conversaciones y sesudas reflexiones que la amistad y la compañía deparan. No solo hablaremos de cantos, invertidos, nieve primavera y escaladores que encadenan su máximo nivel once meses de doce que tiene el año desafiando todos los conocimiento que existen sobre fisiología; hablaremos de todo lo que nos gusta y nos hace felices, música, sexo, cómics, drogas, alcohol, cine, literatura, paellas, sexo otra vez, más alcohol, política para joder el día, sexo otra vez, y así utilizar este blog como un punto de encuentro entre los amigos que realizamos actividades juntos; porque al final, y vamos a hablar en serio, escalamos y esquiamos para divertirnos. Y el que no se ríe, no se divierte; así pues, empezaremos por reírnos de nosotros mismos, y la foto inaugural de este blog será del que empieza a escribir aquí, cuando era joven, y algo piesnegros porque no tenía dinero, que sino un huevo iba a ir yo con esas pintas de perroflauta tirado; no como los de ahora, que tienen la vida solucionada desde que les trajimos la democracia y el bienestar, y van de piesnegros con perro obligatorio, ñarigón del ganado y zátaros porque es una afirmación estética y existencial de su individualidad, y por eso son todos iguales y se les confunde, como a ciertos animales de cría con quienes comparten hábitat.
          El caso es que a esa foto le tengo cariño, es una diapositiva escaneada de la primera vez que subí al Picu Urriellu. Al día siguiente escalamos el Espolón Rojizo del Picu Santana, nos perdimos y abrimos una vía a nuestro pesar, por esa pared que es toda igual y no debía tener ningún paso que llegara a V, aunque podría endulzar ese recuerdo y decir todo serio “pasos por encima del V grado”, así, en romanos, que impresiona más. El caso es que cagué en el nevero a pie de vía, impulsado por mis intestinos y no por el miedo, que va, y ahí que aparece, junto a un hermoso cagallón, de esos que parecen un vaciado tridimensional de los intestinos, con todos los dibujinos de sus pliegues internos en su dúctil materialidad, de esos que da gloria verlos, una mancha de sangre. En la nieve, para quien haya perdido el hilo: sangre en la nieve, antes de empezar a escalar, que mal rollo. El que sale en la foto detrás, con casco blanco Galibier no apto para cervicales metrosexuales, era y es praticante, así que me miró bien el tercer ojo y sentenció: “ye una almorrana”. Me la cauterizó con un pedazo de nieve -no menospreciemos su profesionalidad, yo acababa de plantar no digo un pino, un abeto negro carpático o un sequoia, y quien me conoce sabe de mis virtudes a ese respecto-, cesaron entrambas la hemorragia y coprorragia, y ahí que nos escalamos, la “Variante almorrana”, nuestra única apertura en más de veinte años escalando -junto a una vía de deportiva chunguísima en Rabanal de Luna, si es que no se puede ser más cutre-.

 
 El que caga  descansa

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