Esquiando en Mampowder. Antroxu 2011

   Habéis leído bien: Mampowder, nada de Mampodre. Pocas veces las borrascas nos dejan una nieve tan seca y unos cuantos días anticiclónicos en los que las temperaturas no se disparan y apenas permiten a la nieve transformarse. 10 bajo cero en Maraña, empezando a pegar el sol, a las 10 de la mañana. Y eso que al principio la nieve estaba bastante costra y nos hizo temer lo peor.

    La Dama Blanca, presentando un aspecto magnífico. De hecho, bajamos pegados a los contrafuertes del Picu de Mampodre para aprovechar al máximo la sombra y la calidad de la nieve.

       La subida, al contrario, a pleno sol, por la canal que sube recta y tiesa al collado de los Mampodres. Canal que, además, presentaba alguna colada espontánea y medio metro de nieve polvo sobre una base consolidada.

   Esta foto la pongo para motivarme. ¡Qué culo se me está poniendo! No es por hacerle un desprecio al diputado Zerolo, pero como no pierda unos quilos no me subo ni a las vías catalanas ésas de grado regalado.

    Visto el aspecto que presenta la canal, va apeteciendo ir saliendo de ella para situarse en los jous superiores. 

   

     Una gallega que subía detrás, y con muy buen criterio, nos dejó hacer toda la huella a nosotros (la de la derecha, de raquetas, impracticable), tuvo el detalle de sacarnos esta foto. Desde este momento, con los esquíes nuevamente en los pies, sol, frío, nieve perfecta, permítaseme el símil, el foqueo se convierte en un dilatado, interno y sereno orgasmo, al estilo de los de Sánchez Dragó.
El aspecto de la parte superior del valle, imponente.

Poco a poco vamos ganando altura.
         Hasta llegar a la arista del Pico Vajartao, donde nos ponemos nuevamente los esquíes a la espalda.

        Seguimos avanzando por la arista, dando ya vistas al valle oeste del macizo. Al fondo son también perceptibles el Picu Toneo, el Torres…

        Hasta llegar a la cumbre, en uno de esos días en los que no sopla ni una gota de aire, se siente la vibración del éter, cielo y tierra se fusionan… Nos embarga tamaña felicidad que ni siquiera sentimos deseos de, yo que sé, hacerle pagar impuestos a Alejandro Sanz, utilizar una oración subordinada a Raúl o darle un piso a una familia étnicamente desfavorecida en el mismo portal que Víctor Manuel. Serena y sin odio, el alma descansa. Alles still, y sin esperar al melancólico atardecer.

   Y aquí de nuevo la mezquindad del mundo. En estas que llega a la cumbre, adelantándose a nosotros un madrileño, perdón por el pleonasmo, con mucha prisa. ¡La prisa, esa enemiga de las decisiones razonables! Nos preguntó que sí se podía bajar directo por la cara N, en vez de comenzar por la cara O. Como no teníamos ni idea, le dijimos que sí, y estimamos que si veíamos aparecer su huella más abajo, podríamos confirmar nuestra hipótesis sin ningún esfuerzo ni escrúpulo moral. En las imágenes siguientes se aprecia la refutación de nuestra laboriosa conjetura. Si no fuera por nosotros, no hubiera esquiado esos fabulosos cien metros de nieve en polvo entre canales y al borde de los precipicios -tampoco hubiera tenido que remontarlos, pensarán esos espíritus sacerdotales que siempre ven la botella medio vacía y nunca medio llena.

     En el corazón de nuestro hombre comienza a crepitar, débil pero firme, la insidiosa llama de la desconfianza. No lo ve claro, y nosotros tampoco.

        El caso es que nosotros tomamos nuestro camino, el de la cara O, y del orgasmo pasamos al clímax. ¡Por algo se le llama nieve polvo!

Poco más se le puede pedir a un día de montaña.

      Pero hay días que incluso eso otro, también te lo da. El encuentro con un viejo amigo, para completar nuestra alegría.



        Para que no nos entrara el síndrome de Stendhal y se nos hiciera imposible reencontrarnos con la obscena vulgaridad de lo cotidiano, decidimos practicar una terapia de choque, y rematar la maravillosa jornada en el chigre de Tarna. Con el focicu que nos pondrán, razonamos, pondremos nuestro contador a cero y volveremos a ser conscientes que sol, frío, powder, son efímeros, como somos los hijos del hombre.

Sobre todas las cumbres
quietud, 
en todas las cimas
sientes tú
un aliento apenas;
los pajarillos en el bosque callan.
¡Espera, sólo, espera!
Pronto tú también descansas.
 J. W. Goethe

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