Ascensión con esquís en las Ubiñas: Picu Colines. Antroxu 2011

        Esta temporada de nieve, resultó, vamos a ser expeditivos, una puta mierda. Por eso, ahora, esta primavera escaladora que también está resultando otra puta mierda con la subsecuente lluvia y mal tiempo en todos los fines de semana, puentes y fiestas de guardar, apetece postear la actividad de los pocos día verdaderamente invernales que tuvimos. Uno de ellos, como no, se lo dedicamos al Picu Colines, al que yo nunca había subido en invierno, aunque sí, paradójicamente, y por varias veces, a los Huertos del Diablu, frente por frente.

El más vieyu fresco como una lechuga, el presunto chavalín, bastante fundido por los esfuerzos laborales y fiesteros de los días anteriores.

Poco a poco vamos ganando altura. Las condiciones de nieve y ambiente, las que
deberían ser normales para las fechas en que estábamos; este año, excepcionales.

Lentamente nos acercamos a la arista, de la sombra al sol.

        Unos más rápido que otros, claro está. Hoy tocaba día de “no bebo más birras por semana” y todo eso. También es muy buena esta otra: “de esta semana no pasa, me pongo a entrenar en serio pero ya“. Pues eso, ya; ya y una polla como una olla. El camino del cielo está empedrado de buenas intenciones. Triste es comprobar como las nuevas generaciones se alejan del mensaje evangélico.

Carlinos, mientras, a lo suyo. Debió estar callado por lo menos dos minutos.

    Y aquí el momentazo: el sol, con un precioso efecto Dios. ¿Qué montañero no se ha conmovido hasta el fondo de sus descreídas entrañas cuando sale de la oscuridad a la luz, como el prisionero de la caverna, como Fausto tentado por Lucifer (momento gafapasta: Lucifer, de lux, lucis, y el verbo fero, el que porta la luz; este año el PSOE me está jodiendo bien con el Latín, pero esto ya son cosas más mías)? Volviendo al astro rey, yo que soy de natural pedante y panteísta, siempre tengo en mente al Sigfrido de Wagner:


Heil dir, Sonne! Heil dir, Sonne!
Heil dir, Licht! Heil dir, Licht!
Heil dir, leuchtender Tag! Dios te salve, claro día!
Erhelle meine Seele Ilumina mi alma
Heil dir, Wotan! Dios te salve, Wotan!
Der Gott der Götter! El Dios de los dioses!
Schenke mir Weisheit! Concédeme la sabiduría!
Heil dir, Welt! Dios te salve, mundo!
Heil dir, o Erde! Salve, oh tierra!
Gib mir Kraft! Dame la fuerza!
Ich sehe das Zeichen Veo el signo
Die Runen des Schicksals Las runas del destino
Unsere Herzen wie Stahl Nuestros corazones como el acero
Wir werden siegen Venceremos
Wir werden Helden und gewinnen den Krieg! Somos héroes y ganaremos
la guerra!

¡Oh, el Sol, oh la Luz! ¡Yo os saludo! No me digáis que no es acojonante, porque este momento único vale por un día entero: 

     En este momento, mi alma se hincha, se inflama, y como un Hiperión de la vida o jovenzuelo alemán Wandervögel (algo así como los jarraitxus1 o los de la OJE) de esos que tras la primera guerra mundial andaban dándose por el culo (en este blog, los culos y las referencias escatológicas surgen obligadas por la lógica interna del discurso y no por ninguna fijación anal freudiana que el lector malicioso pueda suponer) por los bosques bávaros antes de crecer y apuntarse a las juventudes hitlerianas, canto a voz en grito algo como lo siguiente:

 

     Si el sonido de la Cabalgata de las Walkirias en Apocalipsis Now, cuando los pérfidos americanos atacan el indefenso poblado vietnamita es capaz de erizar hasta el más áspero pelo del escroto, de esos que desde su púber aparición resistieron indómitos  al roce con calzoncillos palominados y al manoseo pajeril, a mí desde luego, esta otra pieza no me impresiona menos. El momentazo descriptivo cuando entra la orquesta tras la primera aparición de Brunilda es pa mear y no echar gota, joder, está saliendo el sol llenando nuestra alma de vida, ¡la hostia! Y luego van y llaman música a lo de Bustamante.

Bueno, el caso es que seguimos con nuestra ascensión.

Dando ya vista a la vega del Robezu y, poco a poco, al otro lado del macizo.

Que muestra unas hermosas condiciones invernales.
    Y aquí, la cumbre. Detras, el Prau del Fontán. El único defecto que tiene el Colines es el de ser oscurecido por dos cumbres cercanas considerablemente más altas, pero bueno, él no es el responsable. Carlinos de sus desvaríos, en cambio, sí. Tras esta foto, en la que torea a un imaginario no se sabe qué, realizó una semicuña chunga al borde del precipicio para colocarse del lado de la pala de bajada. Total, sabiendo esquiar, ¿para qué iba dar la vuelta a las espátulas? Es un comportamiento muy poco viril.

    Hay que reconocerle una forma espléndida. En seguida se nos marcha para la Argentina (¡miedo me da!), con la intención de ascender al Aconcagua. Toda la mejor suerte y los mejores deseos para una persona maravillosa, absolutamente infecciosa: contamina de vitalidad y humor todo lo que toca. Carlinos sí que es un verdadero Rey Midas, y su amistad, mejor que el oro.

Este otro tiene peor humor, en general. Hay quien lo llama Calamardo. ¡Qué absurdo!

    Con este otro, completamos el grupo. A éste señor hay quien lo llama Rottenmeier (cuando ni Heidi es respetada, no se respeta ya nada -véase este blog, lectura, para mí, de referencia-; probablemente sea un signo del fin de los tiempos, a lo que el Águila de Patmos, en el Apocalipsis, se refería crípticamente como “ni padre conocerá hijo, ni abuelo nietos”, por ese chiste de “estaba el Abuelo con Heidi etc.”. Fijémonos en la ambivalencia del “conocer”, usado en el sentido bíblico y en el no bíblico, con deliberada ambigüedad).
    Bueno, el caso es que ya empieza a hacer más calor al sol, la nieve empieza a marcharse muy rápido, y el anticiclón se va a ir a tomar pol culo, pero como tenemos que currar, nos da igual.

    1. Para quien no se crea lo de los jarraitxus (por eso de que son vascos y de izquierdas y montañeros, ergo guays) y los vanderwögel, un pequeño fragmento (sustitúyase pangermanista por paneusquérico o paneuscalérrico). “¡Coño!”, concluiréis: “por eso van siempre camuflados de montañeros”:
«¿Qué diferenciaba el Wandervogel de las organizaciones coetáneas y las que le precedieron? Dos diferencias sustanciales saltan a la vista. La primera y más característica fue, sin lugar a dudas, su autonomía con respecto a asociaciones privadas y organismos públicos; esto es, con respecto a la sociedad de los adultos. El Wandervogel nace, se organiza y se desarrolla como movimiento al margen y claramente enfrentado a la sociedad de sus padres y abuelos, particularmente a las autoridades escolares, en un primer momento, y al sistema político dominante, en su ulterior trayectoria. No estamos, empero, ante un mero fenómeno de rechazo, sino que el joven Wandervogel, lejos de conformase con el manido y episódico papel de iconoclasta incomprendido, se considera a sí mismo como miembro de una elite, como un guía popular, portador de unos valores nuevos y renovadores con los que pretende regenerar su familia, su escuela, su pueblo o barrio y, en definitiva, su país. Y, la segunda, consecuencia de la anterior, fue la de que el Wandervogel se dotó de un discurso radical en el que se entremezcla el desprecio sin paliativos de la ideología liberal-burguesa que informa la pujante y odiada sociedad industrial y mercantil, un exacerbado amor a la naturaleza que, a nuestro juicio, constituye un claro precedente del actual movimiento ecologista, y un nada disimulado culto a las tradiciones autóctonas precristianas, al nacionalismo pangermanista y a un sui generis militarismo 

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