Arhivos fotográficos (IV): 7a en polipasto. Julio 2009

     Las Hoces de Vecervera son muy especiales. Lo tumbado de muchas de sus paredes, junto con su no ya proximidad, sino contigüidad a la carretera, proporcionan a los neófitos una perspectiva muy particular de la escalada. Algo así como “por ahí subo yo”. En esas que estábamos en el sector de deportiva de El clavo, dándole unos pegues al 7a que va por el medio de la lisa placa y es rematado por un espectacular pero fácil desplome. El ambiente era francamente relajado. Habíamos escalado por la mañana, estábamos ligeramente bebidos -sólo para desinhibirnos, ventajas de una vía poco física- y uno de nosotros estaba pinchando AC/DC desde dentro de una furgoneta, sintiéndose desdichado por haber sacado un hombro de sitio por culpa  del Pera -felizmente inconsciente y sin malicia, eso sí; ya el viejo Kant dejó muy claro que no hay nada absolutamente bueno sino es la buena volutad, y de ésta nuestro hombre mostró que tiene para dar y regalar (“más de la cuenta, no te jode”, matizó agriamente el tullido). Perdón por el excursus, aunque esta sea otra historia que habrá que contar en su momento.
    Y en esa plácida hora por allí que pasan varias generaciones femeninas de una familia, sospecho que también convenientemente bebidas (un poco de vino para acompañar los embutidos de la venta de Felmín, o similar, ya se sabe), y la primera hembra en orden de precesión, sesenta años bien cumplidos, y setenta también, entre cuero y mojama, se detiene junto a nosotros y muestra su interés en la actividad. La paisana daba rodeos, pero sus intenciones estaban bien claras: quería meterle un pegue al 7a. Así que se lo planteamos con toda crudeza: “paisana, ¿quier encordase?” “Mamá, nun tienes vergüenza”. “Ay si me viera el mi Pepe”. Se hizo la estrecha lo justo para no parecer mal educada, y ahí que se fue para arriba la señora (hubo que poner el arnés con falda y refajo, y calzarle unos gatos a dolor; no fue tarea fácil). Si no le montamos el top-rope, tira de primera, total “nenos, por ahí súbese fácil, parez mentira pa vosotros” y con absoluta seguridad, dada su edad, no volvería a caminar. Al final, hubo que tirar de una durísima polea simple (para la víctimas de la ESO, que diría nuestros siempre bienamado Federico, una polea sin desmultiplicación) para que subiera por la pared un poco y no se sintiera desmotivada al no verle color. Joder que risa; yo creo que más en la vida. Marcos destacó muy sabiamente la inconveniencia de que la fía de la paisana viniera acompañada por su consorte (de torva mirada, agrego yo). Por lo demás, un día perfecto.

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