Pico Gilbo: Meigas (6a)

    Siempre me ha gustado lo de la narratividad, la hermenéutica, la semiótica y todas esas cosas de  (Sheldom Cooper, The Big Bang Theory, dixit): “Oh Cielos, Hu-ma-ni-da-des!”. Por eso intenté darle al blog cierto dinamismo semiológico. Dinamismo que consistía , en suma, en ir poniendo a la vez que las fotos todas las gilipolleces que decíamos o pensábamos mientras desempeñaábamos las acciones reflejadas. Y un exabrupto amargado al principio, exorcización y sublimación de traumas, porque evidentemente, en la aproximación, hay más tiempo para que la bilis negra vaya sacando sus conclusiones (efectivamente, en la clasificación hipocrático-aristotélica, mi temperamento es bilioso: Calamardo); otro poco de referencialidad/ autoreferencialidad y juego de niveles lingüísticos postmodernos (pedantería-chocarrería; escatología-cultismo, and so on); otro tanto de autoparodia y autoinsulto en la tradición del humor inglés…; esos eran mis propósitos y mis trucos de prestidigitación barata puestos a su servicio. Pero como el número de gilipolleces, como el de gilipollas, tiende al incremento exponencial, y bien lo sabe el que suscribe, que reúne entrambas características, el de serlo y el de proferirlas, si bien no por encima de la media, todos los posts acababan siendo un carajal de mil hostias que ni yo mismo entendía al terminarlos y releerlos.
    Así que me dije: “joder, si esto es España, si tú eres español, si intelectual y creador aquí es cualquiera, desde Miguel Bosé el compraniños, hasta Ferrán Adrià el farsante“. (¡Ah, el cierre del Bulli, epifanía de toda farsa! ¿Y estoloarreglamosentretodos.org? País, que diría Forges -que me perdone por acercar su nombre, siquiera en letra impresa, a los otros dos-). Así que leí un libro, sí, con dos cojones, LEÍ UN LIBRO, pero que conste en mi descargo que no lo compre, que me lo baje de la internet, hasta ahí podíamos llegar: que leí un libro de Eisner sobre El cómic y el arte secuencial, y me fui a descubrir América, así, por la patilla: “dispondré las fotos de tal modo que su propia relación interna dote de sentido narrativo lógico y armónico la propia escalada”. Así, por ejemplo, en la segunda composición, aumentaré el tamaño del paisaje y lo colocaré al pie, como mudo testigo de la inmensidad silenciosa (mudo, silenciosa, ¡qué es lo mismo, coño! – ah, no, no, que soy intelectual) de la naturaleza sin figuras humanas, a la par que la secuencia de fotos más pequeñas y contrastadas mostrarán el ritmo y el dinamismo de la secuencia de pasos del 6a, tres paso brutos de fuerza”. Llevaré las herramientas del arte secuencial a un blog, me declararé comunista, me diré invertido (¡Cómo Visconti, qué irónica burla a un artista insigne!), me darán una subvención (bueno, en realidad no tengo claro el orden de estos sumandos), afirmaré que la culpa la tienen los bancos, sí a la dación en pago, execraré Israel, et voilà, a escalar todo el día y que trabaje su puta madre. Eso cantaba alegre la feliz lechera, diciéndose entre sí de esa manera.
  
    ¿Qué hay que hablar de escalada? Sin problemas, también: desde mi punto de vista, la vía es regulera. Buena al principio y al final, por una línea lógica, pero un espolón que no permite continuidad, así que el facilísimo tramo intermedio le hace perder homogeneidad y compromiso. En ese sentido, similar a Luna de Lobos, ya referenciada en este blog, y a La Feriona (ambas en el Valle de Luna). Desde el punto de vista escalador, probablemente la más floja de ellas. Sin embargo, es absolutamente recomendable, porque su aproximación es hermosísima, y sus vistas de la comarca de Riaño, cumbre y descenso por la arista son sublimes. Amarga pensar lo que fue este valle, y más todavía lo que sería nuestra vida sin electricidad. Por cierto, y por seguir con loh himteleztualeh, un natural de tan noble población (lo juro, al ordenar las fotos se me vino a la cabeza) violaba el principio de contradicción con una alegría que casi era malsana: Riañés cuando tocaba, vasco el resto del tiempo; era una cosa, no dejaba de ser la otra… Dos posibilidades mutuamente incompatibles; eso sí dilapidando energía todo el tiempo con su estilo de vida, chaletito en Madrid, chaletito en la costa de Cadiz (Le Corbusier, comunista, abominaba de la urbanización y la vivienda unifamiliar, así que ¿quién entiende este sindiós?). Retornando la digresión, digo que tomando todos estos elementos en conjunto, que antes de escaladores somos montañeros, la mejor de las tres escaladas sin ningún género de dudas.
Aproximación e inicio de la escalada:
 Los pasos más duros de la escalada:
Tramos intermedio y final:
 Cumbre, arista y vistas:

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