Puertu Tarna, primeras nieves en la Cordillera

Por fin las primeras nieves tapizan nuestras queridas montañas. Realizaremos un circuito alrededor de La Bedular para valorar las condiciones y empezar, con visos de continuidad, la temporada. La aproximación, mil veces repetida, pero siempre hermosa, con el Remelendi al fondo.

El aspecto de la cumbre es bueno, tanto por el sur…

…con una nieve, aunque venteada, en excelentes condiciones…

…como por la ladera norte.

Esta última tiene bastante hielo en la arista; el viento de estos 
últimos días no perdonó.

Pero más abajo, acumulada por ese mismo viento, todo un éxtasis de nieve en polvo. Seré hiperbólico, pero el adjetivo que se merece es el de ¡sublime! Probablemente, la más fría y suelta desde que tengo recuerdo. Alguno dirá aquí que ese recuerdo es, cuando menos, como el de la novia de Nemo, y que los años pasan, y que no bebas por la mañana (un orujo de hierbas -empujado por Marcos, bien es verdad-, saludos a Amalia, ya os contaré la que nos armó) y que… ¡mierdas! Yo sé lo que me digo.

Precioso, el aspecto que muestra el conceyu de Ponga.

La bajada, cuanto más placentera, más corta. Toca remontar.

Vamos completando el itinerario circular. Espectacular ambiente invernal. Armando abriendo gentilmente huella, para que no nos cansemos.

De nuevo al sol, espectacular bajada por el tubo; no por repetido menos placentero; la presencia de las figuras de tres esquiadores permite apreciar sus dimensiones e inclinación (pequeñas, de todos modos).

Resubimos hacia la arista que se descuelga de La Bedular hacia el sur; 
Peña Ten, omnipresente.

Cerca de la arista la nieve venteada empieza a hacer del foqueo una cuestión delicada -sólo llevamos 20 años decidiendo si merece la pena comprar cuchillas o es mejor descalzarse los esquís y cramponear. Fermat, por su parte, esperó más de 300 por la demostración de su teorema.

Al fin en la antecima de la Bedular, dispuestos para la última bajada; como se deduce de lo anteriormente expuesto, en crampones.

La imagen pura de la alegría; un buen día de esquí de montaña genera unas sensaciones, desde mi punto de vista, más intensas que un día de escalada. En cualquier caso, para poder compararse, éste no puede ser en modo alguno trivial. ¡Ah, las opiniones, tan numerosas como los culos, según reza el grosero aforismo popular, en su escatológica aplicación de la correspondencia biunívoca!

Y lo mejor está por venir: viejos amigos que se reencuentran. El día era de 9; ahora ya lo será de 10. Alcohol, grasas saturadas, anécdotas de buen gusto, canabináceos, chistes sutiles y delicados, confidencias, psicotrópicos, calor humano y calor propano (no jodamos, 15 bajo cero a la una de la mañana, descontado el efecto térmico). Fuera, la ventisca ruge y deposita nuevos farrapos. Mañana será otro hermoso día de esquí. ¿Se puede pedir más?

Exscusatio sine qua non: sí, se puede. Verbigratia acordarse de llevar la cámara. Por suerte, Marco, cual Stajanov de los megapíxeles, sacó 700 o mil fotos. Las podéis ver aquí, en su blog, si es que el cabrón lo actualizó ya.

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